Opinión Por: JGR03/01/2026

Depreciación de autos chinos, el costo de la novedad

Con mejores precios, equipamientos y tecnologías, los vehículos chinos luchan por su lugar entre los consumidores, pero hay algo que el consumidor aún puso en la ecuación, la depreciación.

En 2025, las ventas de autos chinos en Argentina y Latinoamérica experimentaron un gran crecimiento.
Nuevas marcas y modelos llegaron, generando alta competencia y ansiedad en consumidores por la sobrecarga de información.

En Argentina, los autos chinos alcanzaron el 10% del mercado; en Chile, el 40% de las ventas. En Uruguay, la participación de autos chinos en el mercado creció del 9% al 17% entre 2023 y 2024. Brasil vio un aumento del 53,1% en importaciones de vehículos chinos, con más de 40,000 vehículos eléctricos importados, dominando el 80% del mercado eléctrico.

BYD y GWM comenzaron a fabricar en Brasil, integrándose al mercado local (Mercosur).

Bajo este análisis de contexto, hay que entender que el crecimiento del mercado de autos chinos se produce inicialmente por un tipo de persona particular que se anima a probar cosas nuevas porque ese es su objetivo, tener lo último, conocer lo nuevo y experimentarlo. Este tipo de persona es denominado "early adopters", son entusiastas que buscan experiencias novedosas y están dispuestos a asumir ciertos riesgos al probar algo nuevo. Este perfil de usuario puede significar el éxito o el fracaso de un producto, sobre todo, si además tienen influencia social.

La madurez técnica: Fuera de toda duda

Mecánica y tecnológicamente, los vehículos chinos que han consolidado su presencia en LATAM durante 2025 ya no son "copias" de baja calidad. Son productos competitivos, con terminaciones de alto nivel, motorizaciones eficientes y un despliegue de conectividad que suele superar a las marcas tradicionales por el mismo precio. Salvo contadas excepciones de origen difuso, las SUV chinas actuales están "bien plantadas" y cumplen con estándares globales de seguridad y confort.

Por supuesto que hay cosas buenas y malas como en todo mercado, pero por lo general las marcas chinas están en una competencia feroz por ofrecer confiabilidad, tecnología y precio, la mejor relación de todas, y no lo hacen contra automotrices europeas, lo hacen contra ellos mismos simplemente porque en esta carrera los chinos están muy adelante.

El Early Adopter

El Early Adopter es aquel consumidor que busca la novedad antes que la validación masiva. Lo hace por estatus, por pasión tecnológica o por el deseo de diferenciarse. Para una marca, es el "evangelizador" que valida el producto en un mercado nuevo.

Sin embargo, ser un adoptante temprano es una postura vital que tiene fecha de vencimiento. Con los años, el entusiasmo cede ante la frustración de la lucha constante: la falta de repuestos, la ausencia de talleres especializados o el vacío de respuesta oficial. El Early Adopter madura, se cansa de "experimentar" con su patrimonio y busca la paz mental que otorga lo establecido. La traición a su confianza es el fin del vínculo con la marca.

Tras la decepción, el ciclo del adoptante temprano no se reinicia; se quiebra. El comportamiento posterior está marcado por la aversión al riesgo y la recuperación de la estabilidad financiera.

El usuario que perdió el 50% de su capital no busca otra aventura tecnológica. Realiza un movimiento pendular hacia marcas "Legacy" (Toyota, Honda, Volkswagen). No busca una pantalla más grande, sino un título de propiedad que tenga un precio de mercado claro y una red de servicios que responda. La prioridad pasa de la novedad a la liquidez.

El Early Adopter suele ser un referente de opinión en su círculo. Al sentirse traicionado por la marca, utiliza su conocimiento para advertir a otros. Su queja es técnica y fundamentada, lo que la vuelve mucho más dañina para la marca que la de un usuario común. Su frustración se convierte en una barrera de entrada para nuevos compradores.

Además de todo esto, experimentar requiere excedente financiero y su agotamiento lleva a una mayor frustración. Tras una depreciación masiva, el usuario suele encontrarse con su patrimonio diezmado. Ya no tiene los fondos para "probar" la próxima marca emergente. Este golpe económico lo obliga a cuidar mejor su patrimonio, adoptando una estructura mental de preservación:

  • Prioriza el costo de mantenimiento.
  • Valora la disponibilidad inmediata de repuestos.
  • Busca modelos con baja rotación (que no cambien de diseño cada año).

Ser Early Adopter es una actitud de juventud psicológica. La madurez llega cuando se comprende que el auto es una herramienta o un resguardo de valor, no un gadget descartable. El cansancio de "pelear" por un turno en el taller o esperar meses un repuesto de carrocería termina por anular el placer de la conducción, transformando al innovador en un comprador pragmático y escéptico.

La depreciación es el abismo de los autos chinos

La depreciación es la pérdida de valor de un bien por el paso del tiempo, el uso y la percepción de mercado. En Argentina, los autos chinos enfrentan una tasa de castigo brutal. Mientras que un vehículo tradicional pierde entre un 15% y 20% al salir del concesionario, estudios de mercado locales indican que algunas marcas chinas sufren una depreciación de hasta el 50% en su primer año.

Los factores que explican este desplome son varios. En primer lugar, hay incertidumbre en la postventa, ya que muchos consumidores temen no contar con repuestos a largo plazo. Además, la sobreoferta de modelos provoca que la constante actualización de versiones haga que los modelos anteriores queden obsoletos rápidamente. Por último, la falta de un mercado de vehículos usados sólido dificulta el mantenimiento de precios, lo que agrava aún más la situación.

La "guerra de precios" en China está forzando cierres y fusiones, pero en LATAM el filtro es la confianza. El mercado está en una fase de ebullición donde el usuario, escaldado por la pérdida de capital, regresará a las marcas tradicionales con redes de concesionarios capilares y conocidas. Solo sobrevivirán las pocas marcas chinas que logren demostrar solvencia financiera y, sobre todo, que protejan el valor de reventa de sus clientes.

Híbridos y eléctricos sin valor de reventa

Si la depreciación de un auto chino de combustión es alta, la de los eléctricos (EV) e híbridos es, directamente, un salto al vacío. El mercado de usados argentino castiga estas unidades con una severidad implacable por un factor psicológico y técnico: la fecha de caducidad percibida.

A diferencia de un motor tradicional que puede repararse pieza por pieza, un auto eléctrico depende de un "bloque" químico (la batería) que representa hasta el 40% del valor total del vehículo. El comprador de usados teme —con o sin razón técnica— que está adquiriendo un dispositivo con una "salud de batería" en declive, similar a un celular viejo.

En Argentina, donde el acceso a componentes específicos es errático, el costo de cambiar una batería agotada puede superar el valor de mercado del propio auto usado. Esto genera un techo de precio artificial: nadie quiere pagar mucho por un vehículo que podría requerir una inversión de 15.000 o 20.000 dólares para seguir circulando en unos años.

Estudios internacionales de 2025 indican que un vehículo eléctrico puede perder hasta el 58% de su valor original en solo 3 años, una cifra que en el contexto argentino de baja infraestructura se acelera peligrosamente.

Híbridos: ¿Lo mejor o lo peor de ambos mundos? Aunque los híbridos retienen mejor el valor que los eléctricos puros (perdiendo cerca de un 40% en 5 años frente al 60% de los EV), el usuario de segunda mano los mira con desconfianza. La complejidad de tener dos motores (combustión + eléctrico) se traduce, en la mente del comprador, en doble posibilidad de falla y doble dificultad para encontrar mecánicos capacitados fuera de la red oficial.

¿Comprarías un híbrido?

No

Ya tengo uno

Recomendación adicional: La auditoría del "SOH" (State of Health)

Si aun así decide avanzar con un usado electrificado, exija un reporte certificado del Estado de Salud de la batería. No se conforme con el indicador del tablero; pida un escaneo profundo. Un auto con 20.000 km pero mal cargado (abusando de cargas rápidas al 100%) puede tener una batería más degradada que uno con el doble de kilometraje y un uso consciente. Si el vendedor no puede certificar la salud de la batería, el valor del auto debe tender a cero.

El crédito más caro 

Financiar un vehículo chino hoy es un riesgo financiero de alto impacto. Debido a la altísima depreciación, ocurre un fenómeno peligroso: el saldo de la deuda del crédito puede ser mayor al valor de mercado del auto apenas seis meses después de la compra. Estarás pagando cuotas por un capital que se evaporó a la mitad, quedando "atrapado" en un bien que no cubre ni siquiera la cancelación de su propia deuda.

El panorama para quien busca "negocio" o "ahorro" en estas marcas es pesimista.

Comparativa de depreciación: Tradicionales vs. Chinas (Primer Año)

La brecha de valor en el mercado de usados argentino se ha profundizado. Mientras las marcas con trayectoria mantienen una curva de descenso previsible, las marcas emergentes sufren una caída acelerada.

Origen / MarcaDepreciación Promedio (12 meses)Valor Residual Estimado
Marcas Tradicionales (Toyota, VW, Ford)18% - 22%80%
Marcas Chinas Consolidadas (Chery, Haval)30% - 35%65%
Marcas Chinas Emergentes/Nuevas45% - 52%48%

Factores Determinantes del "Efecto 50%"

  • El "Clavo" Percibido: En el mercado de usados, el comprador promedio huye del riesgo. Al haber poca demanda de segunda mano para marcas nuevas, los vendedores deben destruir el precio para lograr liquidez.
  • Liquidez Inmediata: Un Toyota se vende en días; una SUV de marca china sin red extendida puede tardar meses en encontrar comprador, forzando rebajas agresivas.
  • Guerra de Precios en 0km: Cuando las terminales chinas lanzan bonificaciones agresivas para patentar unidades nuevas, liquidan automáticamente el valor de los usados de esa misma marca, ya que la brecha de precio entre el usado y el nuevo se vuelve inexistente.

Análisis del Riesgo Financiero

Vemos un ejemplo concreto. Al considerar la posibilidad de adquirir un crédito prendario que cubra el 70% del valor de un vehículo tasado en 30,000 dólares, la situación financiera de los compradores puede volverse preocupante. Tras salir de la concesionaria, el valor real de reventa del automóvil se desploma a 15,000 dólares, depreciación del 50%. Mientras tanto, la deuda con el banco permanece en 21,000 dólares, sin incluir los intereses acumulados. Como resultado, el propietario se encuentra en una posición de patrimonio neto negativo, debiendo más de lo que realmente vale su bien, lo que plantea serios riesgos financieros para quienes optan por este tipo de financiamiento.

El mecanismo de endeudamiento elevado unido a una rápida depreciación del activo es un caldo de cultivo para la creación de burbujas, donde las expectativas infladas llevan a decisiones financieras que, en última instancia, resultan en pérdidas significativas para los consumidores.

Estrategias de Supervivencia: Cómo no rifar el patrimonio

Para evitar caer en la trampa de la obsolescencia programada automotriz y la licuación de ahorros, estas son las recomendaciones tácticas finales:

  1. El "Mystery Shopper" de tu propio capital
    Antes de poner un solo dólar, realizá una simulación real de salida. Llamá a un concesionario de la misma marca simulando que ya tenés un modelo y que querés entregarlo como parte de pago por un 0km.
    • Si el precio que te ofrecen es insultante (el famoso "te lo tomo a precio de infoauto menos un 30%") ya sabés a qué te enfrentas.
    • Si directamente te dicen que "por ahora no toman usados de la marca". Ahí tenés tu respuesta: no estás comprando un auto, estás comprando un problema.
  2. La prueba del "Repuesto Crítico"
    Hacé una auditoría de postventa antes de la compra. Llamá al sector de repuestos y preguntá por el stock y precio de tres elementos básicos: un paragolpes delantero, una óptica LED y un parabrisas.
    • Si la respuesta es "hay que importarlo y demora 60 a 90 días", descartá la compra.
    • Un auto inmovilizado tres meses por un choque menor pierde valor de reventa y utilidad real de forma estrepitosa.

  3. Auditoría de Red: El mapa de auxilio
    No te encandiles con el showroom de Capital Federal o zona norte. Mirá el mapa de la red de servicios. Si decidís viajar al interior del país y el sensor de la pantalla de 15 pulgadas falla en medio de la Patagonia, tenés que saber si hay alguien a menos de 500 km que tenga el software para resetearlo. Si no hay capilaridad de red, el auto es un ancla.

  4. Análisis del "Linaje" de la Marca
    Investigá quién es el importador local. ¿Es una empresa con 40 años de trayectoria que maneja varias marcas o es un grupo nuevo que apareció hace 24 meses? Las marcas chinas no suelen irse de Argentina por quiebra de la fábrica en origen, sino porque el importador local decide que ya no es rentable y cierra la persiana, dejando a los usuarios con un "huérfano" tecnológico de difícil reventa.

  5. La regla de los 5 años
    Nunca seas el primer grupo de usuarios de una marca recién desembarcada. El costo de ser el "conejillo de indias" es el más alto del mercado. Esperá a que la marca cumpla un lustro de presencia ininterrumpida. Si después de 5 años siguen estando, tienen repuestos y los usados circulan, recién ahí el riesgo es aceptable.

El modelo Toyota: La reventa asegurada

A diferencia de la mayoría de los importadores, que a menudo actúan como simples distribuidores de tecnología, Toyota gestiona su marca como un ecosistema de valor. Su liderazgo no se explica únicamente por la confiabilidad mecánica, sino por una decisión estratégica: hacer que el usado sea tan deseado como el nuevo.

Al ofrecer hasta 10 años de garantía (condicionada al mantenimiento oficial), Toyota no solo fideliza al primer dueño, sino que "certifica" el valor de la unidad para el segundo y tercer comprador. Esto elimina la incertidumbre que destruye el precio de los autos chinos.

El negocio del "Usado Certificado" le pone un "piso" al precio. Esto obliga al resto del mercado a respetar un valor residual alto, protegiendo el patrimonio de quien confió en la marca originalmente.

El silencio cómplice de los analistas

Es aquí donde la crítica debe extenderse a quienes comunican la realidad del sector. Gran parte del periodismo especializado y los analistas de TV se han convertido en amplificadores de las gacetillas de prensa de las marcas chinas. Se discute con pasión sobre el tamaño de la pantalla, el diseño inspirado en tal modelo europeo o el último joint venture en Beijing, pero se omite sistemáticamente la variable financiera.

No es una crítica hacia alguien en particular, es una postura constructiva, pero si alguien se siente aludido tal vez habrá razones.

En el ecosistema del periodismo automotriz, la postura del analista suele ser un equilibrio precario entre la supervivencia económica y la ética informativa. Si los medios y especialistas fueran excesivamente precautorios o "apocalípticos" con cada marca nueva, el mercado argentino sería un cementerio de innovación. Para que una industria crezca, se necesita cierto grado de optimismo y la voluntad de probar lo nuevo; de lo contrario, estaríamos condenados a manejar los mismos tres modelos durante décadas.

El problema no es que los analistas celebren la llegada de tecnología o diseño -eso es parte de su rol como cronistas de la evolución industrial-, sino la omisión del contexto financiero local. Es comprensible que muchos de estos profesionales, cuyos medios dependen de la pauta publicitaria y de las invitaciones a lanzamientos, no puedan ser verdugos de quienes los sostienen. Sin embargo, hay un término medio que se está obviando: la educación al consumidor.

No se trata de ser "malvados" con la marca, sino de ser honestos con el lector. Un analista puede elogiar las virtudes de una joint venture o la eficiencia de un motor, pero al mismo tiempo tiene la responsabilidad de añadir esa cláusula de realidad: "Es un producto excelente, pero tenga en cuenta que la red de postventa está en desarrollo y que, como toda marca nueva, el valor de reventa será un desafío en los primeros años".

Esa pequeña mención a la cautela es lo que separa al periodismo de la publicidad pura. Cuando se quita el foco por completo de la pérdida de patrimonio, se deja al usuario desprotegido. El equilibrio ideal sería fomentar el crecimiento del mercado y la diversidad de marcas, pero exigiendo a los importadores la misma solidez que se le exige a una terminal radicada. Al final del día, el analista que cuida el bolsillo de su audiencia es el que sobrevive al paso del tiempo, mucho después de que el nuevo modelo de turno haya sido reemplazado por otro gadget con ruedas.

Nuevos modelos todos los días

En el mundo de los smartphones, lanzar un modelo nuevo cada doce meses es la norma; en el mercado automotor de un país con crédito escaso y ahorro en ladrillos o fierros, es una sentencia de muerte para el valor residual. Esta paradoja representa el choque cultural entre la mentalidad de las tecnológicas de Shenzhen y la realidad financiera del usuario argentino o latino.

Cuando una marca lanza una nueva generación o un facelift profundo cada año, no está ofreciendo evolución, está fabricando obsolescencia. Para el fabricante chino, esto es síntoma de vitalidad y capacidad de ingeniería; para el dueño de una unidad comprada hace apenas diez meses, es una traición patrimonial.

Al aparecer una versión con mejor pantalla, más autonomía o un diseño frontal distinto en tiempos tan cortos, el modelo anterior deja de ser "nuevo" para convertirse en "viejo" antes de su primer service. Esto anula cualquier posibilidad de sostener el precio en el mercado de usados.

La diferencia es clara: mientras las marcas chinas intentan seducir al Early Adopter con el "ahora" (más equipo por menos precio), Toyota seduce al comprador racional con el "después".

Las marcas chinas e importadores deben entender que en Argentina la innovación sin respaldo es percibida, tarde o temprano, como una aventura costosa. Si no empiezan a cuidar el mercado del usado y a garantizar que el comprador de hoy no sea el defraudado de mañana, verán cómo su ebullición actual se enfría ante la solidez de quienes entendieron que el mejor marketing es un cliente que no pierde dinero al renovar su unidad.

La innovación constante es la enemiga mortal de la postventa. Cuantos más modelos y variantes lanza una marca en poco tiempo, más difícil —y costoso— es para el importador mantener un stock de repuestos para cada una. El resultado es un cementerio de autos tecnológicamente avanzados pero físicamente inmovilizados por falta de una pieza que ya no se fabrica porque la marca "ya pasó a otra cosa".

Los mercados desarrollados o con sistemas de leasing agresivos pueden absorber esta rotación. Argentina no. Aquí, el auto se compra para que dure y para que, al venderlo, permita saltar al siguiente. Una marca que canibaliza sus propios modelos anuales le está diciendo al comprador que su inversión tiene fecha de vencimiento inmediata.

Paradójicamente, la "agilidad" china se convierte en su mayor debilidad en el Cono Sur. Mientras marcas como Toyota mantienen ciclos de vida largos y previsibles -y también es criticada por ello -, al mismo tiempo otorga seguridad al inversor. Las nuevas marcas están cavando su propia tumba al tratar al auto como un gadget descartable.

En un país donde históricamente el auto es un refugio de valor, la innovación constante no es un beneficio, es un impuesto al patrimonio del usuario.

El efecto Rehén

El choque contra la realidad del mercado genera en el usuario argentino un proceso de duelo financiero que altera permanentemente su conducta. Cuando el propietario de una SUV china —seducido en su momento por luces LED y pantallas de alta definición— descubre que su "ladrillo con ruedas" ha perdido la mitad de su valor, el desencanto se transforma en una parálisis patrimonial que el sector denomina el "efecto rehén".

Al encontrarse con cotizaciones insultantes en el mercado de usados, muchos propietarios deciden quedarse con el vehículo "hasta que muera". Al no poder o querer afrontar la brecha económica necesaria para regresar a una marca tradicional, se ven forzados a estirar la vida útil de un bien que ya no sienten como un refugio, sino como un recordatorio diario de una mala inversión. Este fenómeno suele disparar el abandono del mantenimiento oficial: el usuario huye de los altos costos de los concesionarios y busca exprimir el vehículo al máximo posible, agravando la situación del mercado de usados ya que este, es un usuario que se retira del mercado, no rota su vehículo, no paga planes de ahorro, no aporta liquidez.

No es solo que una persona perdió dinero; es que el mercado perdió un cliente activo. Un cliente que termina estancando el stock de las concesionarias y frenando la rueda de intercambios.

Finalmente, este usuario atraviesa una mutación hacia el conservadurismo extremo. Una vez que logra desprenderse de la unidad —aceptando pérdidas dolorosas—, el comprador escarmentado no vuelve a experimentar. Regresa a la compra racional, estafado en sus expectativas se transforma en un detractor activo de la marca que lo decepcionó, buscando el modelo que "tienen todos", el que tiene repuestos en cada pueblo y el que se vende con un aviso de un día para el otro.

Este usuario advierte a su círculo cercano, postea en foros y comenta en redes sociales, destruyendo la imagen de la marca con datos reales de su experiencia. Este fenómeno es el que termina por expulsar a las marcas que no supieron cuidar el valor residual de sus clientes.

En una economía donde el auto es el ahorro de toda una vida, el mercado termina enseñando por el camino más difícil que la tranquilidad de la postventa es, en última instancia, el verdadero lujo.

Postventa autos chinos: ¿El problema es Beijing o Buenos Aires?

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